sábado, 31 de marzo de 2012

A veces la poesía llega y no pide permiso ni perdón

A mis hermanos, que son muchos.

También hay ráfagas de abrazos en los que la garganta es un nudo de marzos lluviosos. Afuera los edificios y sus inquilinos, las guerras mundiales por un parqueo. También hay llantos compartidos cuando nos vemos a los ojos extraviados en una marcha silenciosa de cisnes y pingüinos. El silencio de al menos, las palmadas en la espalda. También hay comas perdidas que marcan otros ritmos, acentos menos toscos con los que nos nombramos sin conocernos. También hay miradas que salvan, bendiciones a punta de pistola, una marejada de espasmos y espantos y aves que no concuerdan con el tiempo, pero que amenazan con regalarnos el asombro. Adentro los ladrones se cobijan entre si, afuera las madres ansían un mayo menos lluvioso, pero también hay colapsos en el infierno, suicidas extasiados de alegría, fumarolas desde donde nos enviamos señales, mataderos en donde nos rompemos los huesos y nos alimentamos con nuestras propias humanidades silentes, pequeñas, efímeras. También es una palabra que abriga, y también hay alfabetos que nos catapultan hacia cada destino. También hay putas alegres, también hay maleantes que regalan pan. También una mañana de marzo, una tarde de cualquier mes. También el invierno calienta, las voces más suaves se escuchan bajo la tormenta, como muelles imponentes que nos invitan a salvarnos. También hay perros y osos polares, también salmones y delirios. También las horas y sus nombres, sus anestesias, sus huesos dilatados. También sus primeros llantos, sus hímenes rotos con paciencia, sus tijeras salvajes. También mis amigos olvidados, también sus amigos olvidados. También la fama y el hastío, los panes que comimos algún día, el hambre que nos comentamos a susurros. Los gritos de sálvense quien pueda, los nortes fríos, los telegramas. También las marcas del tiempo y sus destiempos, las melancolías almacenadas, los dientes rotos. También hay agua, dulce y misteriosa, también hay peces y batallas. Un mapamundi lleno de aeropuertos en donde no nos despediremos, también hay mañanas que no veremos, días martes regalados, horarios insípidos y puertas enormes para verlos de lejos. También hay autos veloces, nubes que parecen osos, que parecen nubes que parecen osos. También los deseos, los buenos, los malos, también la honestidad. También la sal y la arena, los relojes marcados para nuestros pasos, también nuestros pasos. El one way, el zen, la mantequilla, las canciones favoritas y sus solos favoritos. También mis palabras, mis señales, mis anemias. También el eco, el retorno y el boomerang de los hechos, el karma. También espirales, también espirales, también los etcéteras. También, ¿verdad que también?